Francisco Rangel, Artista mexicano multidisciplinar. Nació en Querétaro en 1971. Debido a la intensa convivencia con uno de sus tíos -restaurador, decorador y dorador de estilo barroco-, su infancia estuvo muy relacionada con el arte, el dibujo y el cine, disciplinas presentes en el transcurso de su vida. Estudió la carrera de Arquitectura en su país de origen, y después de ejercerla durante varios años y de llevar a cabo algunos proyectos de arte, se trasladó a Madrid para obtener un Máster en Artes Plásticas por la Universidad Complutense. Actualmente reside en París, donde continúa su trabajo.

En esta serie el artista explora el frágil contraste entre el movimiento y la quietud. Llenos de nostalgia, los cuadros sirven como portal a “la época de oro” de La Lucha Libre en México.

La impactante oscuridad que contienen las imágenes de Rangel evoca aquella de los retablos barrocos mexicanos que desde su infancia apreciaba. Durante sus estudios en Madrid tuvo contacto con el barroco europeo, cuya escasez de color vivo y humedad abrumadora afianzó el desarrollo de su técnica, añadiendo a ésta aquella oscuridad tenebrosa recurrente en nuestra historia del arte.

En sus series Rangel desarrolla un conjunto de piezas pensando en el resultado integral que busca. De esta manera podría decirse que en la serie LuchaLibre un solo retrato por sí mismo “no sirve” para capturar la esencia de estos personajes tan apreciados por el pueblo mexicano.

En cada una de sus pinturas, mediante un intenso dramatismo, el artista ha logrado capturar y proyectar un momento, una pausa en la acción, tal como se hace –o se debería hacer- en el cine o la fotografía. LuchaLibre es sin duda un homenaje a su infancia y a una importante tradición del colectivo mexicano; es una glorificación clásica de este “espectáculo popular”. Rangel, mediante la técnica barroca, enaltece la lucha libre, como la Iglesia glorificaba a sus “Santidades”. Esta curiosa yuxtaposición presenta un aspecto sentimental fuertemente refinado y maduro.

De las figuras en acción interrumpida de Rangel surge el sonido vivo de la audiencia adorando, que transporta al espectador al lugar de los hechos. El poder trasladar al público a través de este movimiento impetuoso y la vitalidad explosiva es, justamente, el encanto de este trabajo de Francisco Rangel.

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